El mejor de los días

Cuando llego a mi trabajo, temprano el lunes en la mañana, hay quien me ayuda para que mi auto quede bien parqueado: que no ocupe espacio de más, que no olvide sacar las llaves, que esté bien cerrado y detalles por estilo. Así como a mi amigo nunca le falta su franela roja, tampoco se le olvida decirme: “que tenga el mejor de los días”, y sonríe.

Ultimamente en las reuniones de los fines de semana parece inevitable terminar hablando de incertidumbre, incluso  hasta en los círculos más cercanos ya no se puede decir con tranquilidad lo que uno piensa, porque puede terminar siendo mal visto por los propios amigos. Por más que uno trate de evitarlo la política y la economía están en un estado efervescente y encienden chispas inesperadas.

Casi sin darnos cuenta los espacios privados son invadidos por comentarios, por presagios, por cálculos, por temas que nos desenfocan de nuestros objetivos personales. Es fácil entregar el tiempo, la energía,  hasta nuestras neuronas,  en temas que no nos conducen a ningún lugar específico

Por eso cuando escucho el infaltable “que tenga el mejor de los días”, en mi cabeza suena un clic que me hace retomar una agenda propia. No se trata de individualismo, tiene que ver con el asumir que tenemos recursos limitados como el tiempo, la energía, la paciencia, el buen humor. Son mis tesoros y con ellos voy a hacer de este lunes, el mejor de los días.

Gisela Raymond

Gisela Raymond

Periodista y profesora. Autora de 'Chelo, el perro del nido vacío' y 'Sin despeinarse', un libro de 14 cuentos que empezó a escribir durante su tratamiento contra el cáncer. Fue directora de contenido de la revista América Economía.

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