El rol de las emociones en las finanzas personales

Estar tristes, deprimidos o muy felices son excusas que la mayoría de las personas usan para gastar innecesariamente el dinero. Es común escuchar expresiones como: “hoy tuve un mal día por lo tanto merezco ir de compras”, “mi novio me terminó así que saldré con mis amigas de fiesta a un lugar caro” o “he trabajado muy duro este año y aunque no tengo ahorros me daré las vacaciones que necesito”. Lo que sucede es que al final del día el sentimiento es el mismo, pero la tarjeta está sobregirada.

La falta de dinero puede causar excesiva preocupación y estrés. Sin embargo, no se trata de tener mucho dinero, sino de cómo nos sentimos cuando lo tenemos y de qué manera es gestionado.

La gestión del dinero viene desde el hogar. Los hijos adquieren creencias respecto a las finanzas cuando empiezan a adquirir conciencia del estilo de vida que le dan los padres. Pasa el tiempo y el adolescente consigue su primer empleo y es ahí en donde comienza a poner en práctica su propia administración.

Los auto-regalos también deben ir en el presupuesto, siempre y cuando no excedan un límite racional. Consentirse no está mal ya que es una manera de motivarse a mejorar y a conseguir nuevos ingresos. Hacer un presupuesto no significa no darse nada nunca, sino evaluar los ingresos versus los gastos e iniciar un plan de ahorro que permita cumplir objetivos a corto y largo plazo.

Saber manejar las emociones, en especial en momentos difíciles, permitirá que el plan de ahorro no se vea frustrado por un desliz en el centro comercial.

Gisela Raymond

Gisela Raymond

Periodista y profesora. Autora de 'Chelo, el perro del nido vacío' y 'Sin despeinarse', un libro de 14 cuentos que empezó a escribir durante su tratamiento contra el cáncer. Fue directora de contenido de la revista América Economía.

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